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M***** México me mata o sobre la muerte de un anglófilo

I

He notado que cada que voy a hacer un viaje al extranjero somatizo; o me enfermo del estómago, o me da gripa; o se me inflama la garganta, etc. Nos  bien a que se deba pero me he hecho a la idea de que se trata del miedo inconsciente al cambio…¿qué quiero decir con esto? Bueno, a que (por lo menos en mi caso) los viajes lo cambian a uno; en distintos grados. En mi caso viajar le ha dado pequeños y grandes cambios a mi vida. No de manera negativa (quizá sí para mi anterior “persona”, pues para ella fue mortal el cambio desde el punto de vista que los viajes la mataron, je), quiero pensar que los cambios que han venido son bastante positivos (o al menos es la idea que me he hecho), ante el asombro de varios amigos muy cercanos. Muchas de esas cosas que han cambiado establecieron la base de nuestra amistad y he notado como al manifestarse causan asombro (en la mayoría de los casos), pero también enojo, tristeza y hasta decepción. Quizá por eso sea que me dan esos ataques “de pan” antes de viajar; porque no sé que es lo que vaya a resultar de el próximo cambio…sin embargo, no por ello voy a dejar de hacerlo.

Mi primer viaje a Inglaterra (allá por el 2003…¡a los 31 años! Lo sé, lo sé, muy tarde en la vida de un anglófilo) fue la antesala a ese épico cubetazo de agua fría en donde uno descubre que ese dicho que reza “la vida está en otra parte” no es tan acertado como uno lo pensaría…o que más bien esa “vida” no existe (o ¿no es?...algún amigo filósofo que ayude aquí) más allá de la cabezota de uno. Como muchos de mis amigos, no amigos, enemigos, conocidos etc. hubo una época en que mi anglofilia me hacía suponer que en el primer momento en que llegara a Londres, iba a experimentar una especie de epifanía, a tener una revelación…o mínimo algo aproximado a la “muerte chiquita”, pero no fue así. Por supuesto, la ciudad me impresionó, su diseño, su organización, y también, los espacios conocidos por todo aquellos que forma el espacio paramusical de su legado en el rock y en el pop. Por ejemplo; al tomar el tren expreso que me llevaría al centro de la ciudad, pasamos junto a la Battersea Power Station (la fábrica que sale en la portada del disco Animals de Pink Floyd) y los chones se me hicieron de yo-yo; y cómo esa, muchas cosas me dejaron mudo.
Por supuesto; la Inglaterra que me interesaba visitar (no lo vi con claridad sino años después) era una Inglaterra relacionada con la música pop de los años 60’s, 70’s y principios de los 80’s. Específicamente con el New Wave, y muuuuucho más específicamente…con la escena New Romantic. Claro, habiendo estudiado letras inglesas me interesaban varios escritores, pintores, diseñadores, arquitectos y sus obras, pero más allá de ello, poco a poco fui descubriendo que la vida inglesa no era algo que me atrajera brutalmente como pensaba antes de llegar a Londres, mejor dicho, lesa idea se fue disolviendo con el paso de los años y de los viajes a ese país. Los mitos generados por Mtv, el NME, la Rolling Stone, Sonido, Conecte, Rock 101, el Chopo, etc. comenzaron a caerse uno por uno, por muchas razones, pero la más importante era justamente que se trataba de mitos mediáticos que alimentaron un anhelo personal, no una realidad. 

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